15 may 2014

Me dediqué a ser un "pelmazo", sin querer, talvez queriendo... cuando quería, cuando me querían. ¡¿A quién le importa?! Esa es mi verdad. Lo hecho, hecho está. Ruego fervientemente, con todas mis fuerzas que algún día TÚ mi glorioso dragón, mi delicado dragón... hagas algo. Ruego con todas mis fuerzas que ojalá un día te plazca volar bajo, sin rebajarte, mi querido dragón. Ruego que algún día te acerques a mí un instante, con un parpadeo basta. Solo deseo que te acerques y me arranques el corazón del pecho. Te suplico venerable quimera... vacíame de una vez... solo así podré estar contigo. Engulle mi corazón con un suspiro. Para que así pueda yo habitar en tus entrañas, por un rato... Ruego con todas mis fuerzas que algún día TÚ mi amado dragón, decidas retribuirme por mi pecaminosa inocencia. Ruego con todas mis fuerzas que te apiades de mí, dragón de mi querer. Te suplico bendito mal que me hagas arder. Te imploro carísima bestia... Concédele a esta alma en pena la satisfacción de verte por última vez. Otra vez. Mientras regurgitas diez mil soles sobre mí.

14 may 2014

Yo soy...

Yo... no soy Yo y mis circunstancias. Yo soy Yo y mis garabatos, mis ideas tontas, mi música desafinada, y mis historias frías con sabor a ceniza. Yo soy YO y lo que sea que se te ocurra suponer de eso.

1 may 2014

Siempre me han gustado los dragones.

Siempre me fascinaron.

Por razones que no puedo enumerar sin pecar de omisión.

Toda mi vida he admirado su ardiente sencibilidad.

Contemplé a punto de veneración su majestuosa presencia.

Mil y una veces anhelé poder despertar si quiera una de las tantas pasiones que estallan con la pequeña chispa que supone nombrarles.

A pesar de la infatuación que profesaba no fui capaz de corresponder al momento cuando tuve la ocasión de conocer uno.

La tragedia radica en el castigo de mi estupor.

Insulso.

Gangrena monótona.

Sistemática agonía paulatina socava mi alma.

La brasa que noche tras noche lascera mis nervios.

El recuerdo de su esplendor me quema y desquicia.

Solo puedo desear permanecer vivo hasta contemplarle volar nuevamente.

Por última vez.

Antes de arder y ser acogido por los descuidados vientos.