1 mar 2014

Hoy me levanté no tan temprano y decidí que nada tenía sentido. Decidí que estaba harto. Harto de todo lo que pasa en esta fría e inhumana ciudad de estiércol, agonía, miseria, humo y sudor.

De escuchar esos desaliñados perros que ladran con estridente voz humana.

De leer instrucciones que no proporcionan conocimiento real. Que no aportan solucion a tantos problemas operativos.

De saborear y tragar medicinas que envenan, sin ninguna supervisión.

De transitar calles promiscuamente decentes.

De ignorar de memoria a los turistas permanentes que viven como refugiados en los inmundos callejones.

De compartir mi sangre con extraños desalmados que me visitan cada vez que necesitan olvidar mi rostro.

De la comunicación barata y desechable con la que nos estafamos creyendo que interactuamos, cuando en realidad los únicos que interactúan son nuestros bolsillos con el déspota que feudalizó nuestras palabras.

De esta desteñida y obscena ciudad que ostenta una dignidad que no es suya.

De este día que me hizo ver la verdad por medio de espejismos líquidos.

27 feb 2014

Soy un turista extraviado en una ciudad conocida, rodeado de caras que nunca había visto.

No conozco a nadie aquí.

Tengo miedo.


Soy un turista que habla un idioma desconocido para los que me rodean.

Nadie me conoce, ni se toma la molestia de hacerlo.

Tan solo soy un maldito turista en una ciudad erigida sobre estiércol industrial, agonía y sudor.

Soy un turista nadie sabe mi nombre.

No hay nadie que sea lo bastante gentil para acostarse conmigo y darme calor en el callejón.

A veces me duele entenderte.
A veces te duele entenderme.
A veces nos dolemos.
A veces nos confundimos.
A veces nos abandonamos.